PAZ y la suave brisa de un hogar que tanto
anhelaba. PAZ. El sentir la calma en
tiempos de tormenta. Finalmente me estoy
dando cuenta, mientras me siento en el porch de mi apartamento tomando sorbos
de mate, que hoy más que nunca, siento que pertenezco en un lugar.
Siendo un inmigrante de los Estados Unidos, fue
muy difícil el ajuste. Un ajuste que ha tomado más de 10 años. Ser inmigrante, significa cambios drásticos. Cambios
de idioma y de cultura. En mi propia experiencia, los Estados Unidos se han convertido
en mi vida, en mi forma de ser, aunque también ha dejado un gran vacío en mí, causando
confusión y tristeza. Nunca pensé que
regresar a mi nativa Argentina seria doloroso.
Al contrario, pensé que eso resolvería todos mis dilemas interiores. Fue entonces, como hace unos años, pude
regresar a mi “hogar.” ¿HOGAR? No. Ya no fue así, y nunca será.
El momento que pise tierra en Norte América,
todo cambio. Claro, que por misericordia
de Dios, ese cambio fue lo mejor que me paso en la vida, puesto que pude
educarme allí, tanto como conocer a Dios y mi bella esposa. Aun así, me di cuenta que yo ya no pertenecía
en ningún lado y que simplemente era un ser viviente del planeta tierra. Jamás podría sentirme del todo cómodo ni en
mi ciudad natal, ni en mi país de residencia actual. Eso, sin lugar a dudas, es un gran conflicto
interno.
Yo escribo esto, en este instante, logrando
sentir por primera vez esa brisa y ese aroma que sentía cuando todavía tenía un
hogar, en mi niñez. No sé cómo fue, pero
de repente lo siento, aquí sentado, y siento la gran necesidad de documentarlo
y compartirlo. Siento ese aire hogareño
y ese aroma, como el que sentía de niño, cuando la vida era más fácil y no había
preocupaciones de niveles tan altos. Ese
sentimiento como cuando me sentía sustentado en todo instante, y volvía a mi
cuarto sabiendo que viviría un día más envuelto en amor. Hoy vuelvo a sentir esa paz. Esa calma. No sé si tiene sentido, pero este momento en
el que me encuentro se siente como que pertenezco, y finalmente estoy en mi
hogar, mi país, mi ciudad…llevando dentro mío viejas costumbres y nuevas ideas.
Paz.
Siento la paz de mi hogar, el amor de mi esposa, el aroma de mi aliento
de yerba mate. Llevo dentro mío mi vida entera, mis recuerdos, mi Dios, mi
familia y amigos. No me hace falta nada y dependo de Dios para todo.