Desde que puedo recordar, el dibujo ha sido
parte de mí. Dios me dio ese gran don y
tengo la esperanza de usarlo para su gloria.
Cuando era pequeño, soñaba con ser el dibujante publicado más joven de
la historia. Y bueno, ya no podrá ser, pero esa pasión, ese amor, que me producía
el dibujo antes, vive hoy en mí después de tantos años.
Los choques de la vida, han tenido gran influencia
en mi estilo, y decisiones artísticas. Aun
recuerdo esa etapa, cuando mi corazón abandono este don, enfriando la pasión.
Muchas veces, he querido terminar con mi amor
por el dibujo, abandonándolo por meses a la vez. Hoy, mi alma clama por ese amor. Solo falto sentir el lápiz sobre mi mano y
delicadamente rayar sobre el papel. Solo eso.
Ahora, ya no entiendo cómo fue que deje ese don enfriar todos esos meses. Cada línea sobre el papel es un camino recorrido,
una conexión de mi carne hacia el alma y un recordatorio de lo que soy
capaz. Mi vida depende de Dios y mi don,
cual fue regalado por El, se lo entrego en oración, para que siga floreciendo y
sea usado para su gloria
.
Hoy, más que nunca, ese amor, ese fuego arde y
no pretende detenerse.
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